Libertad de expresión: manual de instrucciones

Señoras, señores, libertad de expresión no puede ser decir lo que te salga de ahí abajo, si eso que dices o proclamas es un argumento lleno de odio y faltas de respeto gratuitas que no constituyen otra cosa que una crítica absolutamente carente de valor. 

Si bien estoy de acuerdo en que cada quien se exprese libremente, también lo estoy en que existen formas y formas, y que la gente -sea del bando que sea- no puede ampararse bajo la excusa del "derecho a opinar" para escupir hijoputismo barato. 
Opina lo que te dé la gana, pero no siempre como te dé la gana.

Que sí, que la ley y los políticos no hacen nunca juicios justos, pero tampoco lo hacemos los ciudadanos que nos mostramos críticos con ideologías o pensamientos retrógrados, pero que aplaudimos como idiotas cuando el vecino con el que simpatizamos se llena la boca de insultos y palabras que demuestran que, en el fondo, es tan indeseable como aquél al que señala.


No puede ser que seamos tan demagogos como para defender lo indefendible cuando y como nos conviene y quedarnos tan panchos, por la sencilla razón de que, de esa forma, eso de "libertad de expresión" pierde todo su sentido y credibilidad. Y más aún, perdemos muchos puntos a nuestro favor.

Si deseas la muerte a un niño enfermo de cáncer por querer ser torero, eres igual de **** que el que le clava la espada al animal. Si te deleitas con alusiones a explosiones y violencia, eres igual de **** que el terrorista que pone la bomba, por poner algunos ejemplos. En tal caso, denuncia con contundencia -que no salvajismo- la educación que los padres le han dado a ese niño, y a los órganos de poder detrás del terrorismo y la opresión.
Es tan sencillo como que, si estás de acuerdo en que estas opiniones bárbaras se digan libremente, después no te puedes quejar cuando politicuchos de derecha, retrógrados, fascistas, imperialistas, machistas, nazis, taurinos, racistas y demás fauna suelten sus discursos de odio con ese lema de "somos libres de decir lo que nos venga en gana."

Sí, tenemos el derecho a dar nuestra opinión, a mostrarnos críticos cuando queramos, a decir claramente que nos oponemos totalmente a algo o a alguien, a hablar de las injusticias y desigualdades del pasado y del presente, a poner a parir al político, abogado, juez, o personaje público cualquiera del que estamos en contra, pero con elegancia. Demostrando por qué somos mejores, porque, si no, el odio nos hace a todos igual de imbéciles.


CONVERSATION

7 comentarios:

  1. Con elegancia, con respeto, con tolerancia... Algo que parece se está perdiendo...
    Besotes!!

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    1. Así es, Margari, no hay más que ver las redes sociales para confirmarlo...
      Besos!

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  2. La libertad tiene siempre sus límites, es más, la libertad existe precisamente porque tiene límites. Como afirma Savater en la Ética para Amador, somos libres pero no omnipotentes. No podemos aspirar a decir lo primero que nos apetezca y que eso no tenga consecuencias, ni siquiera que moleste a los aludidos o que quienes creen todavía en la exigencia del respeto dejen simplemente de leernos. Insultar es sencillo, pero ningún insulto aporta nada. Es curioso, hace años se hablaba mucho de los "manuales de buenas prácticas internáuticas"... hace tiempo que nadie menta el tema. Un abrazo, Mrs So., y si me permite una posdata, creo que no debería usted proclamarse "escritora frustrada", es como si dijera que es una corredora frustrada, que se remedia saliendo a correr.

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    1. Tan poco se hablará, que a mí personalmente ni me suena ese manual... Sí, hoy está muy de moda opinar a base de ningunear al otro, sin asomo de críticas constructivas ni criterios basados en argumentos razonables.
      Coincido plenamente en que, así como saliendo a correr se deja de ser "una corredora frustrada", escribiendo también se deja de ser "escritora frustrada", he ahí la razón de este blog :)
      Un saludo y gracias por esta interesante aportación.

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  3. Cuando alguien inventó el concepto "libertad de expresión", supongo que daba por sentado que antes de expresarse, antes de hablar, el sujeto habría pasado las ideas por el cerebro, para darles cierta forma.
    Vamos, que antes de abrir la boca pensaría...

    Como dice Lledó, para soltar imbecilidades no hace falta libertad de expresión.

    Yo creo firmemente en decir lo que uno piensa con educación, porque al fin y al cabo, cuando queremos expresarnos, suele ser para convencer al otro. Y se convence muchísimo mejor con argumentos que con insultos. Es más: los ataques nos hacen perder razón.

    Un saludo, Sofía :-)

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  4. Hola! Después de leer tu comentario en mi blog, he venido corriendo al tuyo y tengo que decir que me encanta la variedad de temas. Estoy tan de acuerdo con lo que dices, que me ha faltado aplaudir. Ojalá la gente tuviera el sentido común de pensar lo mismo sobre la libertad de expresión.

    Saludos, Sofía. Nos leemos!

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    1. Muchísimas gracias, Maribel. Me alegro un montón de que te guste la variedad de temas; cuando comencé con el blog solo me centraba en libros y pelis, pero desde que lo reabrí me ha dado por explorar nuevos horizontes jejeje
      Eres bienvenida a comentar, y estaré encantada de leerte a ti también, por supuesto.
      Besos.

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