Cómo no odiar

Siempre me ha llamado la atención el mecanismo absurdo de la guerra. Funciona de una forma sencilla, al menos en principio. Digamos, para resumir, que dos personas (casi siempre hombres) de pronto se dan cuenta de que tienen ideas distintas sobre un mismo tema. No llegan a un acuerdo, se enfurecen por no poder imponerse, se amenazan y finalmente se odian de forma tan obcecada, que deciden así porque sí que quieren matarse el uno al otro.
Por tanto, analizándolo desde una perspectiva algo simplista, todo conflicto tiene lugar, básicamente, porque dos imbéciles, dos egos desproporcionados con poder, así lo han querido. Y lo más curioso del caso, lo más asombroso, es que en ese ínterin de sangre, dolor, destrucción y muerte, no suelen participar los auténticos protagonistas. Por ellos actúan los soldados, los civiles, las víctimas inocentes que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Izzeldin Abuelaish con su hijo Abdallah

Sin embargo, cuando leo testimonios de esas personas colaterales, me sorprenden dos cosas. La primera, la fe religiosa que, lejos de debilitarse, se incrementa en muchos creyentes a los que les ha tocado tal fatalidad. Afirman que siguen apostando por dios, da igual el nombre que le den, porque confían en que los proteja y que todo forma parte de un destino sagrado que se debe aceptar. Confieso que soy atea con inclinaciones agnósticas y que para mí es difícil asimilar esa fidelidad inquebrantable por un dios que te da la espalda de manera tan brutal e inmisericorde. Pero, quizá, aun dentro de mi incomprensión de lo divino, también soy capaz de entender que la fe religiosa puede funcionar como un antídoto de supervivencia y esperanza cuando todo a tu alrededor se convierte en humo, cenizas, escombros y sangre.

Pero, si hay algo que me impresiona realmente al leer muchas de esas historias de sufrimiento infligido por terceros, es la capacidad que muchos supervivientes tienen para no odiar. Es el caso de Izzeldin Abuelaish, cuyo testimonio I shall not hate he leído recientemente. Este médico palestino relata en primera persona el horror del conflicto de Gaza, un territorio condenado desde hace décadas a la inestabilidad política y a cruentos enfrentamientos que, entre otros muchos horrores, trajeron el asesinato de sus dos hijas y su sobrina.
Abuelaish ha tenido que soportar el cáncer que se llevó a su mujer. Ha tenido que presenciar la muerte de tres niñas, aniquiladas por una bomba en su propia casa. Ha mirado directamente a los fríos ojos del hambre, el miedo, la destrucción y ha visto como mancillaban su felicidad irrevocablemente.  Han arrancado sus raíces de forma permanente y, a pesar de todo, Abuelaish deja claro desde el principio que él no odia. Su mensaje y su lucha solo dejan espacio a la sanación, la recuperación social, la educación, la construcción de puentes en medio de ese negro abismo que separa a palestinos e israelís, y por extensión al resto de territorios.

Echando una honesta mirada al espejo y realizando de nuevo un ejercicio de comparación, yo no sé si podría. No sé si sería capaz de no odiar, de no dejarme llevar por la rabia vengativa a aquellos dos mequetrefes que han arrastrado consigo las vidas de quienes nada tenían que ver con su ignorancia, su maldad y su falta de escrúpulos. Pero ya se sabe que la venganza, la violencia y el desprecio solo se regeneran en una inútil espiral de venganza, violencia y desprecio. Cuando así lo entiendes, cuando tu corazón se libera de esa furia producto de la indignación, descubres que es infinitamente mejor seguir apostando por esa justicia que parece estar tan ausente en nuestro mundo.
Es entonces cuando, con historias como la de I shall not hate, una se da cuenta de que no dejarse llevar por el odio es, en realidad, la auténtica victoria. Porque mientras los dos imbéciles y sus respectivos séquitos se ahogan en un mar de odiosa mierda y lo bombardean, ensucian, destruyen y aniquilan todo, tú te mantienes ahí parado, inmune, fuerte, por encima de sus diminutas mentes, demostrando que has ganado tú, a pesar de todo.


Publicado el 19/6/2018




CONVERSATION

42 comentarios:

  1. La cuestión es, como quitarse de enmedio a esa pandilla de imbéciles; mientras no se echen, estarán dando la tabarra.

    Saludos

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    1. El problema es que esos imbéciles son como garrapatas enganchadas al poder. Qué difícil es sacarlos.
      Saludos.

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  2. Muchas veces, simplificando la escenificación de un conflicto con tintes bélicos, he pensado que bien podrían esos dos imbéciles, que arrastran a miles de personas a una batalla cruenta, dirimir sus diferencias cara a cara, a hostias, que se maten si así lo desean, pero que dejen en paz a los inocentes que nada tienen que ver con su pelea de matones. Pero es que, además, entran en escena otros protagonistas secundarios: los que, con su impasividad o poniendo cizaña, permiten o alientan ese conflicto y, por tanto, son tan responsables como ellos de lo que ocurre.
    Si por un momento, intentáramos hacer propias las enseñanzas cristianas, diría que el mandamiento más difícil, por no decir imposible, de cumplir, es aquel que dice "amarás al prójimo como a ti mismo". ¿Se puede realmente amar a tu enemigo? ¿Se puede realmente no odiar a quien te ha hecho tanto daño? ¿Se puede perdonar a quienes han acabado con la vida de tus seres queridos? Incluso ¿se puede olvidar? Eso es algo, a mi juicio, muy difícil, y si alguien lo logra es para darle el premio Nobel de la bondad.
    Excelente reflexión, Sofia.
    Un abrazo.

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    1. También me ha costado entender ese mandamiento, sobre todo porque incluso dentro de la propia religión, la gran mayoría parece contradecirse. No sé si es posible amar al prójimo cuando este te ha destrozado la vida, ni si tampoco sería justo para uno mismo.
      Creo que, al final, la idea no es tanto no sentir odio, como no dejarse llevar por él...
      Un abrazo y gracias, Josep.

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  3. Creo que, en este caso, confundes un conflicto entre dos con un ataque y una defensa. Quiero decir, defenderte de un ataque no te convierte en el "inbécil" que lo ha querido, es mucho más complicado que todo eso. A veces te crean un conflicto en el que te ves obligada a formar parte.

    Y el tema del odio supongo que es complicado. Dependerá de la persona.

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    1. Imagino que por "defensa" te refieres al pueblo palestino, que se ha visto invadido por israelíes y que estos últimos han provocado ataques contra los que los primeros han tenido que luchar. Bien, sabemos que esta historia es larga y compleja y que mirarla desde un único punto de vista resultaría simplista, teniendo además presente que en la guerra no hay bandos de buenos y malos bien diferenciados. Con esto no quiero eximir a los israelís de ninguna responsabilidad, por supuesto, sino de dejar constancia de que un conflicto bélico se produce por los intereses, la incapacidad y el egoísmo de los gobernantes de ambos bandos.
      Por otro lado, el argumento de "defenderse" me parece bastante absurdo, porque cualquier enfrentamiento se produce en aras (y entrecomillas) de la autoprotección de un pueblo ante una amenaza. No hay más que echar un vistazo a las contiendas de la Primera y la Segunda Guerra mundial o el conflicto sirio para darse cuenta de que ese es el viejo argumento que utilizan precisamente los que están en el poder. Que los gobernantes y, por extensión, el ejército de un país piensen que para proteger a los ciudadanos es necesaria una "defensa" que lleve a la destrucción y la muerte de miles de personas, es mezquino, salvaje, contradictorio, hipócrita y de auténticos imbéciles. Creo que quedó bastante claro que ese adjetivo iba dedicado única y exclusivamente a los culpables de la situación y nunca a los civiles.
      Así, dudo mucho que a la gran mayoría de personas que sufrieron lo de Abuelaish crean que realmente valga la pena tanto dolor para "defenderse". El fin nunca ha justificado los medios y en este testimonio el autor palestino deja claro que una guerra nunca, nunca, es la solución a nada.

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    2. Sí, hablo de Palestina como la que se defiende.
      Está claro que siempre se ha utilizado la "defensa" para crear guerras, pero creo que hay guerras y guerras y el tema Israel-Palestina es más un ataque directo que viene desde una sola dirección.
      El tema de Siria más de lo mismo, se disfraza de guerra civil pero es mucho más que eso y hay muchos paises interesados en que otros estén en una guerra infinita (por el tema venta de aramas y tal), y estoy hablando de los de occidente.
      Está claro que la guerra no es la solución. Nunca.

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  4. Muy acertado el título de tu entrada. Cómo no odiar; cómo no odiar a Trump que en su egolatría de imbécil irredento escarba unas llamas siempre dispuestas a arder y causa centenares de muertos por un capricho... cómo no odiar a quienes se niegan a admitir a los refugiados pero siguen fabricando bombas en un negocio que solo se mantiene mientras se mantengan las guerras que causan los refugiados... cómo no odiar tanta hipocresía, tanta iniquidad, tanta injusticia, tanta...
    Un beso.

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    1. Fue precisamente Trump a quien tuve en la cabeza durante buena parte de la redacción de esta entrada. Por culpa de gobernantes como él, de auténticos imbéciles, es que el mundo se va a pique. Pero no con ellos, claro. Estos señores se quedan ahí arriba en su podio mientras los auténticos inocentes se hunden en la miseria. Cochina injusticia.
      Un abrazo, Rosa.

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  5. Es como si hubieras leído y traducido todos mis pensamientos en torno a las guerras y sus efectos devastadores. Aquí otra agnóstica que no entiende aunque respete la cosa esa de los dioses varios.
    Que me apunto el título del libro Sofía.
    Muchos besos y achuchones, y el signo de paz y amor, ya sabes ;)

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    1. Será que la necesidad de creer en algo es lo que te mantiene a flote ante fatalidades de este tipo... Pero yo, francamente, estaría tan enfadada con él como con los gobernantes imbéciles.
      Gracias, Tara.
      Besazos y mucha paz!

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    2. pd- por él me refiero a Dios

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  6. Qué reflexión más lúcida, Sofía.

    El conflicto palestino-israelí lleva mucho mucho mucho tiempo activo. A estas alturas, lo más inteligente que pueden hacer aquellos que se ven involucrados es tomar una posición neutra. Que no te importe el resultado mientras el resultado conlleve a la paz entre naciones. Se dice fácil, pero los imbéciles de siempre alientan el conflicto constantemente para sus propios intereses y logran convencer con sus discursos a otros imbéciles. Y el problema es que suelen ser los imbéciles los únicos que actúan. Los sensatos, no.

    Te dejo un abrazo.

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    1. Exacto, Julio David. La excusa de la paz y la protección ciudadana no es más que eso: una excusa que utilizan los que quieren salvaguardar sus propios intereses ideológicos, económicos y políticos. Tremendo.
      Te dejo otro abrazo.

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  7. Muy buena entrada y pensar que estamos en manos de esos gallitos a los que solo les importa poner su ego por encima de todo. Es una vergüenza porque hay tantos intereses en el enfrentamiento y en la guerra y sobre todo mucha hipocresía.
    El odio encadena al que lo siente, no permite olvidar, no vive pensando en vengarse y eso no es vida pero qué difícil superar esa barbarie y perdonar a los culpables.
    Besos

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    1. ¿A que da miedo pensarlo, Conxita? Nuestro destino depende de nuestros gobernantes, lo cual puede ser en realidad peligroso para nuestro bienestar. Solo pensar en personajes como Trump o Kim Jong-un se pone los pelos de punta al pensar hasta dónde puede llegar su imbecilidad.
      El odio no es la solución, pero no sentirlo, no dejarse llevar por él, me parece digno de admirar en situaciones como esta.
      Un abrazo.

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  8. La fe es muchas veces la única salvación, por eso quienes la tienen se aferran a ella. Las guerras son incomprensibles, existen desde que que el mundo existe y las padecen todos pero cuando hay niños nos duele mas. Abrazos

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    1. Entiendo que para ellos sea así. Y sí, desde luego las guerras reflejan el lado más irracional, incomprensible del ser humano. Cualquier muerte en nombre de un conflicto es, para mí, una pena inmensa.
      Un abrazo.

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  9. Como siempre, una excelente invitación a la reflexión. En este caso abordas la mayor infamia de la que es capaz el ser humano: la guerra. Con todo el horror y asco que me sugiere esa palabra, siempre he pensado que no deja de ser una consecuencia. Una dramática consecuencia de la verdadera causa que para mí es la concepción tribal que todavía arrastramos. Necesitamos pertenecer a un grupo, llámalo religión, país, partido político o lo que quieras. Indefectiblemente eso genera bandos, y la esencia de un bando es la existencia de un contrario. Si no existe un rival o enemigo el "los míos" no tiene sentido. Y esa concepción de la vida en sociedad está muy lejos de desaparecer, es más, diría que cada vez la tenemos más interiorizada.
    Vivo en Cataluña y desde luego lo que ha sucedido en estos últimos años es un ejemplo sociológico de cómo se genera el germen de una guerra. Unos avispados se organizan, utilizan los medios de comunicación, se adornan con símbolos, himnos, manifestaciones, discurso victimista de la Historia y, por supuesto, la creación del monstruo exterior causa de todos los males. Todo un arsenal de comida de tarro capaz de dar un objetivo a las frustraciones de cada individuo para hacerlo sentir importante dentro del grupo. Fíjate hasta qué punto se "cuidan" los detalles que en el canal autonómico, la noche anterior al famoso referéndum del 1-O, se echó la película Bravehart, así como quien no quiere la cosa, una pequeña dosis de ardor guerrero y patrio.
    Es solo un ejemplo de cómo unos pocos pueden manipular a la masa hasta el punto de que, llegado el caso, la masa acepte que la guerra es una opción.
    No soy optimista, lo reconozco. Pero ojalá llegue el día en el que nos veamos como un Todo, y no como unos contra otros.
    El odio me parece que es solo la gasolina con la que avivar el fuego ya prendido. Un fuerte abrazo!!

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    1. Eso, eso es exactamente, David. Has expresado con gran acierto una idea adicional muy en relación con la temática. Qué peligroso es ese sentimiento de pertenencia exclusiva; aquí lo sabemos muy bien por los oscuros años de ETA y ahora, aunque no hemos llegado a esos niveles de violencia, lo tenemos muy presente con el independentismo catalán.
      Me has dejado completamente alucinada con la anécdota de Braveheart... A eso me refiero con los dos imbéciles de la entrada. Es absolutamente demencial que ese par de individuos de ideas encontradas arrastren consigo al resto la población, primero sutilmente a través de la manipulación, y luego mediante el convencimiento de que cualquier método, por muy cruento que sea, será válido para conseguir el objetivo.
      Gracias por esta imprescindible aportación, David.
      Un abrazo.

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  10. Tampoco sé si sería capaz de no odiar... Pero sí, la gran victoria es no hacerlo. ¿Quién entiende las guerras?
    Besotes!!!

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    1. No hay nada que entender de ellas, Margari, pues son solo producto de la irracionalidad y la bajeza humana.
      Un beso.

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  11. Qué difícil Sofi. Qué difícil poder hacerlo perdiendo hijos. Me recordó a Mandela, aunque la situación es diferente.
    La verdad no creo que haya más buenos que malos, pero sigue habiéndolos.
    Abrazos.

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    1. El tema es que al final se hace lo que digan los malos, por desgracia, Gilo. Toda historia de opresión, violencia y muerte se produce por causas parecidas, me temo.
      Abrazotes.

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  12. Una estupenda reflexión, Sofía. Poco me queda añadir, salvo que en mi caso, a pesar de que lo mejor sería no hacerlo por uno mismo y por los que te rodean, creo que si me tocara de cerca no podría evitar el odiar, siendo como es tan fuerte la palabra y tan devastadora.
    Genial entrada.
    Un besazo guapa.

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    1. Dicen que las situaciones se viven diferente en primera persona. De alguna extraña manera, me tranquiliza, me consuela pensar que el ser humano también es capaz de albergar emociones blancas incluso en tan negras circunstancias.
      Gracias, guapa.
      Un abrazo.

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  13. Creo que esa guerra específica es de las más antiguas y allí también influye la posesión de territorios.
    "Queremos más tierras, queremos que nuestro dios sea el supremo y todos deben adorarlo a él, queremos probar nuestras armas nucleares para mostrarles que la tenemos más grande." En realidad lo que quieren es mantener, y si es posible, ampliar el propio poder. Las guerras son una forma de imponerse y, como bien decís, no son ellos los que van a pelear.
    Siento un profundo asco por su irracionalidad y un terror pánico ante cualquier manifestación bélica y actos de terrorismo.
    Me da cierta serenidad saber que alguien como este médico palestino está por encima del odio y busca ayudar desde la paz. ¡Cuántos se necesitarían como él para emparejar tanto odio, indiferencia y locura.
    Tu artículo es excelente, hace reflexionar mucho sobre el tema.
    Un enorme abrazo, Sofía.

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    1. Gracias, Mirella. A mí también me tranquiliza pensar que el odio no es la única salida ante tanto dolor.
      Un abrazo.

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  14. Una propuesta interesante, donde se dejan ver diferentes perspectivas dentro de un mismo asunto.

    El origen de cualquier conflicto surge por el sentimiento de separación y de pertenencia. Mientras nos sintamos divididos, viviremos divididos y defenderemos a muerte lo que consideremos nuestras creencias y pertenencias, ideologías y banderas.

    Generalmente nos damos cuenta del horror de la separación mas que nada cuando surgen conflictos de gran alcance como las guerras, y paradójicamente, en la guerra se ve mas unión (en cada bando desde luego) que en tiempos de paz.

    La paz se da por sentada y tiende a pasar desapercibida hasta que aparece el conflicto y desata la guerra. Es igual que la luz, no la notas y valoras hasta que no te quedas a oscuras.

    Entonces pasa lo mismo con el odio y el amor, pueden haber razones sobradas para odiar y para amar, pero es tu elección decidirte a hacerlo.

    Si nos ponemos a profundizar hay tantas personas que merecen que las amemos, que han sido incondicionales con nosotros y no somos capaces de amarlas, pero si un día nos fallan nos resulta muy fácil odiarlas. Es por el hecho de sentirnos separados, distintos e incluso superiores.

    Si no tenemos esos sentimientos de separación, y de veras nos percibimos como un todo, es imposible que sintamos odio, pues nos estaríamos odiando a nosotros mismos.

    Ante tanta belleza, nobleza y generosidad que existe en el mundo, como no amar.
    Ante tanta abundancia y riqueza natural que existe en el mundo, como no compartir desinteresadamente.
    Y ante tantos motivos para amar, como perder el tiempo y la vida encadenandonos al odio.

    Siempre digo que no me considero una buena persona (entiéndase tener una buena conducta,ni robar, matar, etc.) porque no me he visto aun en la necesidad de actuar así.
    Aunque nunca he sentido odio y me resultaría difícil sentirlo, tampoco me he visto en la necesidad imperiosa de sentirlo como en el caso que expones.

    Resumiendo pienso que la guerra es un estado de consciencia que todos o la gran mayoría estamos viviendo internamente y lo estamos reflejando en el exterior, cuando todos o la gran mayoría estemos internamente en paz, la guerra desaparecerá.

    Así que nuestro mayor deber es lograr esa paz interior y esta jamas se lograra odiando, si no amando y perdonando.

    Gracias Sofia por tan interesante y reflexivo post.

    Feliz y amoroso resto de la existencia.

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    1. Hola, bienvenida, I. Harolina.
      Es cierto, para qué odiar cuando tenemos tanto por lo que amar... El problema es que a veces la vida te lleva a sentir más la primera emoción que la segunda, en especial en situaciones como la guerra.
      Te agradezco mucho esta interesante aportación.
      Un abrazo.

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  15. Hola Sofía , pero sabes lo que pasa que a mi lo que de verdad me jode es que ,en vez de ser gente civil la que mayormente paga el pato , por que no son los mandamases los que fueran ellos a luchar y a la guerra , verías tú como no irían tanto , una entrada muy interesante , te deseo una feliz tarde , besos de flor.

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    1. Sí, Flor. Ojalá tuviesen la valentía de enfrentarse por sí mismos y dar la cara, pero ya sabemos que los políticos son cobardes casi por naturaleza.
      Un abrazo.

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  16. una entrada muy reflexiva! sin duda nada mas que añadir... gracias por compartir todo esto.

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    1. Aniña, muchas gracias. Qué importante es reflexionar sobre esto.
      Un beso.

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  17. Fijaros en lo fácil es que germine la semilla del odio y lo difícil que es que germine la de la amistad, la del amor...

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    1. No creo que sea tan difícil, Norte. El amor y la amistad pueden surgir fácilmente, el problema es que el odio tiene, por desgracia, esa capacidad de destruir en cuestión de segundos y casi siempre de forma irreversible todo lo bueno de esas dos emociones.
      Un abrazo.

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  18. Odiar, un sentimiento negativo. Demasiado tóxico para ser real.
    Me ha encantado tu propuesta. Una entrada maravillosa.

    ¡SALUDOS!

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    1. Muchas gracias, Antoni.
      Sí, sin duda el odio puede describirse como la más tóxica de las emociones.
      Un abrazo.

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  19. Buena reflexión. Yo no creo que pudiera no odiar, y la verdad es que me parece todo un logro conseguirlo. No sé cómo alguien puede llegar a sentir paz después de todo eso. Por ejemplo, en el caso de la manada, ya los odio, y no tengo ninguna relación con ellos.
    Supongo que sí, sería mejor estar en paz con uno mismo para ser feliz, pero a alguien que te quita la felicidad a propósito y te hace tanto daño a propósito, no sé si sería capaz de perdonarlo.
    Imagino que aquí la religión está relacionada, creer en que vas a conseguir algo más (espiritual) debe de ayudar. No es mi caso, el de la religión.
    De todos modos, a pequeña escala, sí me considero bastante indiferente con la gente tóxica, e intento apartarlos de mi vida sin rencores y sin que me afecte. Ya me ha ocurrido con alguna amiga que sólo quería dañar a los demás. Sé que no es el caso de la guerra, por eso digo "a pequeña escala", porque al final, quien quiere hacer el mal a los demás da igual en qué lugar viva.
    Gran reflexión, guapa, un besote!!

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  20. Hola Sofía,
    Se me pasó esta entrada y es una pena, suerte que ya la he recogido; ha sido gracias a Idalia y su blog. Cuanto más dolor se sufre más necesidad de creencia nace, y esta se vuelve inquebrantable, supongo que es la manera de refugiar y superar el dolor para que éste no sea tan fuerte.
    Yo tampoco sé si podría, a parte que estaría mal por mi parte y quizás te diría una mentira, no, yo perdonaría. No es algo que se sepa, en las situaciones más críticas es cuando uno reacciona y puede que ni se reconozca.
    Admiro muchísimo a las personas que son capaces de perdonar y vivir en paz.
    Una entrada que te coge el corazón y te hace valorar lo que tienes.
    Un beso.

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  21. Amen!! Es una de las cosas que intento no entrar a entender, porque de por si me enciendo. No entiendo la guerra, las muertes en vano, el daño a tantas personas, animales y plantas. La destrucción, devastación, aniquilación. No la entiendo y duele. Intento no pensar, no ver, no oir... Sí, es algo cobarde, pero ya no puedo con tanto odio en el mundo. Yo no veo el telediario, y me entero de las cosas muy malamente, pero intento vivir lo mejor que puedo para intentar hacer de este mundo algo mejor. Criar a mi niña con optimismo y sin dejarme llevar por el miedo, pero miedo, tengo mucho.
    Besos, guapa

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  22. Jo, no has podido expresarte mejor... ES terrible. Suscribo tus palabras, porque verdaderamente el pueblo llano siempre es el daño colateral de la gente que hay por encima, o al menos en el siguiente peldaño de la escalera.
    Un abrazo.

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