La solitaria pasión de Judith Hearne: los crucifijos y el alcohol

Siempre he pensado que la literatura irlandesa tiene una voz propia independiente y potente. ¿Por qué? Porque se nota en sus autores un inconfundible tono de orgullo nacional que expresa con franqueza y realismo las bellezas y los horrores de este particular país. Así, La solitaria pasión de Judith Hearne me sorprendió por esa sencillez abrumadora de Brian Moore al presentar la esencia de su tierra a través de una mujer irlandesa por la que es inevitable sentir una profunda compasión. 

A grandes rasgos, esta novela nos habla, cómo no, de soledad. Más concretamente, de la soledad de Judith, quien responde a ese prototipo de solterona infeliz irrevocablemente condenada a la decepción, en una época en la que el fervor religioso sirve como vía de escape indispensable para aquellos que se encuentran desorientados en los insoldables caminos del Señor. No obstante, no será la figura del Sagrado Corazón la que calme su desesperación, sino el alcohol, el cual llevará a esta pobre mujer a plantearse si realmente hay alguien ahí arriba que pueda escucharla.



A Judith no la quieren, ni como amante, ni como amiga. Vive de las apariencias, de su miedo al qué dirán y de sus sueños románticos. Cada hombre que conoce despierta en ella una ilusión que se desmigaja con cada golpe de realidad. No tiene dinero, no es feliz, no está satisfecha con su existencia mediocre. Por todo ello, Judith recurre a la botella, encontrando en ella una especie de amiga. No fiel, ni buena consejera, pero al menos calmante. Y sobre todo, oyente.
Ella se engaña, hace que no lo sabe, pero poco a poco el lector y una parte de sí misma se van dando cuenta de que Judith le reza a Jesús tanto como al licor. (Bukowski estaría orgulloso de ella).

La solitaria pasión de Judith Earne me gustó, por lo dura, por lo realista, por lo sencilla, por lo certera. Hay en ella un realismo inevitable, una honestidad de la que es imposible escapar. Aunque, he de confesar, también su lectura me dejó algo descolocada, después de todo. Me hizo preguntarme por aquellos que se aferran a una creencia como un clavo ardiente, por necesidad. Casi, pero solo casi, pude entenderlos, al menos en parte.
Sin embargo, al final y a pesar de las súbitas dudas, creo que mi escepticismo pudo más, más que la fe ciega de la protagonista. Y es que después de verla rezar para emborracharse y de emborracharse para rezar, me reafirmé en mi idea de lo peligroso del fervor por la religión... y por el alcohol.

Publicado el 24/8/2017


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15 comentarios:

  1. ¡¡¡¡Hola!!!!
    Tienes razón, la literatura irlandesa tiene voz propia independiente. Otro libro más para mi lista, que crece y crece...este tiene muchos ingredientes que me van a gustar.
    Besos.

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  2. No puedo opinar pues no son demasiados los autores irlandeses que he leído. Abrazos

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  3. Yo, también desde mi escepticismo (agnosticismo, más bien) siempre he dicho que la Religión, si no existiera, habría que inventarla. De hecho se inventó cuando fue necesaria. Nada mejor para consolar a algunos de su miseria y a todos de la muerte inevitable
    Me parece muy atractivo este libro. Lo apunto. A ver si saco tiempo.
    Un beso.

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  4. Amén a lo del alcohol y la religión. No, no creo que sea para mí, la verdad, pero veo que le has sacado partido.
    Siento estar perdida pero con la nena en casa es difícil encontrar huecos para poder bloguear. En cuanto entre en la guarde volveré a mi ritmo normal.
    Qué tal está siendo agosto?
    Besos

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  5. Creo que es un buen punto de partida para describir el desencanto. Irlanda no acaba de dejar atrás el daño que le ha hecho la Iglesia, aquí encontramos a una mujer herida que no encuentra salida, que ni siquiera aspira ya a más de lo que tiene, original este cóctel de la Biblia y el alcohol.

    Hay en ti una crítica más que aceptable; buena y amena.

    Un abrazo.

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  6. Hola Sofía, religión y alcohol en el altar se encuentran. Buena reseña. Irlanda es uno de los países donde he encontrado gente más auténtica, también la había extravagantes y de novela, claro que sí. No me extraña que te haya enganchado así la autora. Un abrazote

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  7. El papel de la religión y los dioses para la humanidad ha sido más nefasto que beneficioso.
    Y ni hablar de sus representantes que pregonan "haz lo que yo digo" y no agregan "pero no lo que yo hago."
    Pobre Judith, realmente malformada por una educación estricta y de apariencias que no la dejan ser ella misma.
    Me gustó mucho tu reseña, Sofía.
    Besos.

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  8. Pues nada, habrá que adentrarse en la vida de esta solterona un tanto derrotista, no pinta nada mal y de este autor no he leído aún nada. ¡Qué bien tenerte de vuelta de las vacaciones! espero hayas disfrutado.

    Abrazos.

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  9. No he leído nada de literatura irlandesa y tu reseña me ha dejado con las ganas, propones una lectura interesante por lo que tomo nota del título. Un saludo!

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  10. ¡Oido cocina Sofía. Otra más de las miiiil asignaturas pendientes...y eso que tengo debilidad por unos cuantos escritores irlandeses.
    Un beso Sofía y rebienvenida, que se echan de menos tus reseñas.

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  11. Totalmente tentadora la reseña que hiciste, Sofía. Me despertaste las ganas de leer.
    Un abrazo grande!!

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  12. Pero siempre será más seductor el fervor por el alcohol, ¿o no? bueno al menos para mí, jajajaja. Se escucha bastante interesante el libro Sofía, ya se te extrañaba. Oye y yo quiero ver fotos del viaje ehhh :D
    Abrazos

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  13. Qué recomendación tan interesante, Sofía. No he leído nada de ningún autor irlandés y eso que tengo en casa "Las cenizas de Ángela" desde hace muchos años. Pero no me animo; quizá porque me da la sensación de que el drama será intenso y prefiero evitarlo. De todas formas, me atrae mucho lo que has descrito sobre la relación de la protagonista con el alcohol y la religión. Parece muy sugerente. ¡Muchas gracias por publicar esta fantástica reseña!

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  14. Uf, se filtra el dolor y el vacío existencial de Judith por medio de tu reseña. Lo de ella ha de ser inmenso.

    Saludos y saludes.

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  15. Hola Sofía,

    Qué reseña tan buena. Me la apunto, ¡vaya que sí!
    Me parece súper interesante el argumento, y suscribo tu última frase (me reafirmé en mi idea de lo peligroso del fervor por la religión... y por el alcohol.) Yo también lo creo así.

    Un besazo.

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