Impactos, ecos y huellas

El sábado por la noche quedé con unos amigos para celebrar un cumpleaños. Mientras charlábamos animadamente, en la televisión estaba puesta de fondo una película que todo el mundo conoce, tanto si la ha visto como si no. Se trataba nada más y nada menos que de Titanic, esa bomba lacrimógena que robó el corazón de millones de espectadores de todo el mundo y que sigue emocionando más de 20 años después de su estreno. Mientras mirábamos a esos jovencísimos Winslet y Dicaprio, una de las asistentes mencionó una escena que la había impactado especialmente, que no era otra que la de ese matrimonio de ancianos abrazados en la cama de su camarote mientras el agua entra a raudales para arrasarlo todo. Me sorprendió porque, tras su comentario, me vino al instante el momento en que yo también presencié esa tristísima escena. Diáfano, claro y tan contundente como la primera vez. Y es que es una de esas imágenes que se te quedan clavadas en la retina, porque te muestran algo que hasta entonces no conocías. En mi caso, que vi la película con 13 años, fue uno de los impactos cinematográficos que me enseñó la crueldad con la que a veces puede actuar la vida, teniendo en cuenta que la obra está basada en un hecho verídico. Y es que aquellos dos ancianitos esperando con resignación una muerte ahogada son una prueba de que existen historias que la gran pantalla convierte en ecos, y que estos te pueden acompañar para siempre incluso cuando no te ha tocado vivirlas a ti.




Algo similar ocurre con los libros. A mí, que me encanta leer, tengo una lista nada desdeñable de lecturas que me han dejado huella, de reverberaciones de palabras que rebotan en las paredes de la memoria y que salen a flote de cuando en cuando. No obstante, el primer libro que verdaderamente me partió por la mitad es completamente desconocido. No vendió miles de copias, no es un clásico literario ni marcó a una generación en concreto. Se trata de una historia anónima, profunda y dura con un engañoso disfraz de lectura juvenil que, me atrevería a decir, me dio una patada un tanto despiadada con la que traspasé el umbral hacia "el mundo de los adultos". Enamorarse de April, de Melvin Burgess, era una novela sobre una joven sorda que vive en un pueblo donde todos se burlan de ella. Es un alma privada de sonidos y con ello de aceptación, hasta que llega un joven del que se enamora y parece haber un rayo de esperanza para ella. Pero, como todo lo que es aparente en la vida, este amor no es tal porque Tony se avergüenza de ella. Por si no fuese suficiente, dicha esperanza se tuerce despiadadamente para April cuando es violada por el grupo de matones del colegio en el río, el único lugar donde la niña se sentía totalmente segura.
Como digo, leer aquella escena inesperada y lacerante fue otro de esos impactos que te dejan noqueada. Joder, resulta que la existencia no es de color de rosa, como yo pensaba. Y es que aquellas palabras, aquellos personajes y aquel mensaje tan real de una historia desconocida fue para mí otro empujón hacia la realidad sin billete de vuelta.

Y esto no solo ocurre con el cine o la literatura. También con el arte, la música, la fotografía. Una de las imágenes que me más me ha sobrecogido últimamente es la que corona esta entrada. Se titula El impacto de un libro, obra del artista mexicano Jorge Méndez Blake. Tal vez pueda parecer sencilla a primera vista, hasta que te das cuenta de que se trata de un muro de ladrillos que ha sido deformado por El castillo de Kafka, un objeto de papel y de edición de bolsillo. Creo que esta obra refleja perfectamente la idea que pretendo transmitir, que no es otra que esa de que hay palabras, escenas, imágenes y melodías que aunque sean breves, anónimas o hasta endebles, pueden quedarse refulgiendo infinitamente en algún hueco de nuestra memoria. Es el poder asombroso de cuando primero se siente el impacto, de cuando luego resuena el eco y de cuando después viene la huella que se queda contigo.

Publicado el 8/10/2018


CONVERSATION

16 comentarios:

  1. Los recuerdos se fijan con libre albedrío, no es necesario que sea el momento mas importante, que sea el mas famoso, el que impacto a todos. Esa es la parte curiosa de los recuerdos. Un abrazo

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  2. No se suelo "colgar" por ese tipo de cosas, ni de cine, ni de libros, quiero recordar que solo una vez me quedé "colgado", y fue en un proyecto solidario, viendo como maestros carentes de medios hacían su trabajo, o como niños, que no tienen nada, son cariñosos a morir y no digo nada cuando entras en sus casas y como techo, lleno de agujeros, es de cartón, ahí si que me "colgué", al menos me entraron ganas de hacerlo, el ser humano es injusto.

    Saludos

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  3. Hola Sofía, pienso que hay momentos literarios, cinematográficos o artísticos que por una u otra razón llegan a nuestras vidas y son ellos de alguna manera los que te eligen a ti sin que puedas hacer nada por persuadirlos de tu memoria personal y vital. Supongo que esos impactos emocionales también tienen que ver con el momento por el que estemos atravesando, aunque por lo general el cerebro tiende a esconder los recuerdos en negativo para sobreponderar los buenos momentos, que en el caso del arte como mencionas, tienen un gran poder en nuestra memoria emocional.

    Un abrazo y buena semana.

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  4. Otra gran entrada mi querida Sofi, da para pensar muchas cosas y anhelar a ese grupo de amigos que cerveza en mano darán su opinión.
    La verdad es que al leer lo de los ancianos del Titanic pensé que hablarías sobre las casi nulas posibilidades de que algo así pasara en los años por venir. Recuerdo lo que hablamos sobre el amor y las relaciones para toda la vida :)

    Todos tenemos un pequeño baúl donde se nos van quedando esas cosas que nos han impactado, para bien o para mal.
    La obra del libro y los tabiques es genial, muy poderosa.

    Un gran abrazo querida amiga.

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  5. Siempre nos introducís en temas interesantes, que nos sacan de la costumbre de nuestros pensamientos para intentar otros caminos.
    Aquello que nos impacta en el arte es algo que toca alguna fibra íntima, y desconocemos por qué esa frase, esa foto, esa historia, que para otros resulta intrascendente, en nosotros ha dejado una gran huella. Hay épocas en que ni las recordamos y un día, de pronto, aparecen con nitidez en nuestra mente, como si la hubiésemos visto o leído ayer.
    Muy sugestiva la imagen del muro.
    Besazos, Sofía.

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  6. A mí me pasó con una película. El primer libro que me conmovió fue "Matar a un ruiseñor" y no se puede decir que sea desconocido; en eso he sido vulgar, pero... ¿quién supera la historia de Harper Lee?
    A lo que iba. Yo veía cine desde muy pequeña. Primero con mi abuela o mis padres en las salas de cine y, a partir de los diez años, en la televisión (esa edad tenía yo cuando entró en mi casa la primera TV, en blanco y negro por supuesto). Veía muchas pelis de aventuras, algunas basadas en libros que había leído y, de pronto, un día fui consciente de que había visto una película buena; no "bonita" o entretenida, sino buena. Esa película es "La visita del rencor". No la conoce ni el tato y cuando he querido volver a verla, no te imaginas lo que me ha costado encontrarla.
    A cada uno le emociona algo distinto, muchas veces intrascendente para la mayoría, pero que a esa persona en especial le llega dentro.
    Un beso.

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  7. Supongo que en ese conmover está la clave y es que a cada uno de nosotros nos llega de forma distinta, de repente hay algo que nos está resonando, que nos está emocionando, que nos hace pensar en algo muy nuestro (aunque no tenga nada que ver) y entonces lo incorporamos en nuestra galería de momentos inolvidables.
    Besos

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  8. Como dices, existen ocasiones en los que nos llega una obra en el momento justo de poder apreciarla. Quizá un día antes nos habría aburrido y un día después ni la habríamos recordado. Pero cuando la hayamos en el instante justo en el que la necesitamos pasa a formar parte de nuestra vida, como un familiar o amigo más.
    P.D. En mi caso, Titanic me llegó en un momento en el que las horas se me hicieron interminables, je, je, je... Un abrazo!

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  9. A mí también se me quedó grabada esa imagen de Titanic. Y la escena de los músicos. El cine, la literatura, el arte en general nos deja grabadas en nuestra cabeza tantas escenas. Escenas que nos emocionan, que nos descolocan, que nos desconciertan...
    Besotes!!!

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  10. Hola.
    Recuerdo esa imagen de Titánic a la perfección, yo tenía 23 años y...ufffff.
    Y de pequeña me impactó muncho una de un clçasico, Capitanes intrépidos. No quiero hacer spoiler pero fue una escena inesperada y triste que me descolocó muchísimo.
    Besos.

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  11. Hola Sofía,
    El arte en cualquiera de sus formas tiene una cosa que lo hace necesario, con él sentimos. Y ya si nos impacta esa seña quedará impregnada en parte de nosotros, un recuerdo imborrable. A mí me pasó con Loreena Mckennitt, la primera vez que la escuché me emocionó muchísimo. Recuerdo perfectamente el momento exacto, con quién estaba y lo que sentí.
    Un beso enorme.

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  12. Soy malo para recordar nombres, pero hubo un cuadro que me impactó hace años. Este estaba dividido en dos: a un lado, había un plato con comida sobre una mesa. Al otro, un hombre herido (o muerto) por una bala. Cuando se le preguntó al artista la razón de los dibujos, él dijo que le gustaba retratar cosas cotidianas.
    Te dejo un abrazo.

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  13. Y luego también está lo que podríamos calificar como asociación de ideas o incluso reflejo condicionado cuando un libro o un tema musical lo asocias a algo que te ocurrió mientras leías ese libro o escuchabas ese disco. Yo mismo, durante varios años de mi adolescencia, cada vez que escuchaba un LP (ya sabes, esos discos de vinilo que giraban en el tocadiscos a 33 rpm) de los Rolling Stones sentía una congoja y un malestar psíquico indescriptible, y todo porque el día en que lo compré me acababa de dar calabazas la chica de la que estaba perdidamente enamorado. Me pasé horas escuchando el disco encerrado en mi habitación con el ánimo por los suelos. Ese tipo de cosas también marcan y hacen que una lectura o una música determinada no pase al olvido, pues también dejan un impacto, un eco y una huella.
    Un abrazo.

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  14. En mi opinión las causas de que los recuerdos que se quedan a vivir en nuestra memoria son muchas y no dependen solo del momento emocional que vivimos. Aunque reconozco que el estado anímico suele pesar lo suyo, los olores, la música, un hito importate ,... en fin que como dijo alguien con anterioridad,... nuestro baúl de recuerdos va aumentando con los años.
    Feliz semana!

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  15. Impactos, ecos y hellas...

    Cosas que llegan hasta nosotros, cotidianas, hechas por otros, arte, etc., y que "impresionan" y dejan "huella". Sin duda muchos hemos vivido estas situaciones. Si bien no es lo mismo hacerlo en una circunstancia u otra, una edad, inmadurez/madurez que en otra y, por consiguiente, no será lo mismo ese impacto emocional que describes.

    Te leo y reconozco que habré vivido esa sensaciones, cómo no, cómo cualquiera. Pero, ¿las vivo ahora? ¡Esta claro que no!

    El tramo por el que transito hoy en la vida, el mío naturalmente, no me permitiría "impactar" con algo "ficticio" (aunque intente reflejar una realidad) a través de la obra de alguien, sea ésta película, novela, cuadro, canción o noticia.

    Una reflexión interesante que permite, es estos espacios del blog a veces algo áridos cuando no secos, compartir.

    (No podeís oirlo, pero ahora mismo, en este instante real mío, un petirrojo emite su canto territorial de otoño en el magnolio frente a mi ventana. Lo oigo. ¡Eso es todo!)

    Abrazos Sofía.

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