De influencers e influenciados

A estas alturas de la película, imagino que no hará falta recalcar que estamos en la época de los influencers y el postureo. Nuestras vidas se debaten entre la realidad del día a día -donde cada quien convive con sus demonios, frustraciones y dificultades- y la felicidad instantánea de sobre que proporcionan las redes sociales, a donde asomamos la mirada para escapar de dicha realidad y hacer creer (a uno mismo y a los demás) que nuestra existencia es siempre del color de rosa.
Lejos de lo que parece, este espejismo virtual en el que todos nos hemos visto envueltos en mayor o menor medida es más dañino y peligroso de lo que queremos asumir. Y es que, a fin de cuentas, somos una sociedad que basa muchas de sus convicciones en esa información impregnada de imágenes, noticias y discursos que falsean continuamente la verdad, en todas sus dimensiones.

Somos conscientes de que los así llamados influencers nos influyen, como bien indica la palabra, en lo tocante a moda, estilismo y actitud, especialmente entre audiencias más jóvenes. Pero, dentro de este concepto, existe un subgrupo que a mí me llama particularmente la atención. No basan su popularidad promocionando ropa, ni dando envidia de sus caserones o viajes a destinos paradisíacos, sino en una casi repentina defensa por los derechos sociales que los catapultan de forma automática al ranking de los más queridos por el público.

Hasta aquí, se puede decir que es digno de admiración que haya influencers que decidan hacer uso de su poder por una buena causa. Sin embargo, últimamente son numerosos los casos en los que se descubre que tras la palabrería de quita y pon de algunos y algunas se esconde la más absurda e indignante de las contradicciones. Porque defender una idea es chachi y sencillo cuando eres una persona de renombre, pero, ¡mecachis!, cuando llega la hora de ponerla en práctica, hay quien se da de bruces contra su propio postureo hipócrita. Y si no, que se lo digan a Leticia Dolera, a la que le deben de estar pitando los oídos por la que le está cayendo.

Para los despistados o desconocedores, os pongo en situación. Dolera es una actriz española que comenzó a ganar gran celebridad por su adherencia al feminismo. Hacía entrevistas dejando claro que abogaba por la igualdad de género, escribió un libro sobre los males del machismo y en los últimos meses dirigió una serie feminista en la que se retrata, según la susodicha, los problemas a los que se enfrentan las mujeres en la sociedad actual. Hasta aquí todo pintaba de maravilla, pero la polémica de los últimos días ha dejado claro, una vez más, que endiosamos a quien no debemos con demasiada rapidez y muy poca desconfianza. La incoherencia que ha cometido Leticia ha sido, nada más y nada menos, que prescindir de una de las actrices de la serie al saber que estaba embarazada, porque ya se sabe que las pólizas de bebés no son rentables ni siquiera para la más acérrima de las feministas.

Para mí, el problema no radica tanto en lo que cagada de Dolera. Una vez más, tenemos que asumir que la culpa es nuestra, por esa manía cada vez más incontrolable de creernos todo lo que nos venden. Nuestra debilidad está en que confundimos influencers con influenciados. A los primeros es fácil verlos venir, pero a los segundos no tanto. Estos son los que están, valga la redundancia, influenciados por sus deseos de popularidad y de quedar bien ante un público que busca gente comprometida. En este sentido, me da la impresión de que el feminismo está siendo víctima de un oportunismo cada vez más evidente, sobre todo entre actrices y cantantes (con sus correspondientes excepciones, por supuesto) que buscan subirse al carro de este movimiento de boquita para afuera, mientras que en su propio trabajo caen en la más absurda de las incongruencias, haciendo además un flaco favor a quien realmente sí lucha por una causa tan necesaria.

Lo que tenemos que hacer, como bien expresó Bob Pop en esta brillante reflexión, es dejarnos de tanto influencer de pacotilla, y comenzar a buscar referentes. Gente que predica y practica de forma honesta y sobre todo coherente por mejorar las cosas. Porque nuestro problema es que a cualquier santo le rezamos. Y así pasa lo que pasa.


Publicado el 26/11/2018




CONVERSATION

16 comentarios:

  1. Excelente entrada, no puedo estar más de acuerdo. Hacen falta referentes y no posturetas. En Internet hay de todo, solo se trata de buscar y aplicar nuestro sentido crítico para evitar a estos hipócritas. Hace poco, por ejemplo, descubrí a Gregorio Luri. En Youtube tienes sus conferencias donde te llevas un buen par de lecciones en materia educativa, con sentido y fundamento. Este tipo de gente deberían ser los verdaderos "influencers".
    Saludos.

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  2. Conozco el caso de Leticia Dolera, y digo "el que la hace la paga", no es que lo diga yo y esté de acuerdo con el dicho, me hago, sobre ese caso varias preguntas?, ¿es que no sabia la actriz que tenía que hacer escenas de sexo explícito y que era una mujer que odia tener hijos?, ¿no le han dado un texto antes de firmar un contrato?; he leído algunas de las cosas que le han dicho a esta actriz-directora y escritora feminista y sinceramente he de decir que como dije antes, esta mujer se ha puesto delante de la pancarta y hacerlo en este país cuesta, así que es lo que hay, le están diciendo que se calle y que no hable, lo mismo que le están diciendo a muchos músicos o chistosos, estamos haciendo un país de mierda.

    Saludos

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  3. Pues eso mi querida amiga, que así está el mundo, este mundo de kardashians y malumas. Es un lado más del polifacético mundo en que vivimos. Tienes razón, hay tanta gente influenciada por la desesperada necesidad de fama, y qué mejor si es la fama por la causa justa de moda, que hay que estar en tendencia.
    Siempre disfruto leerte querida Sofía. Te dejo un gran abrazo.

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  4. Muy buena tu entrada. la verdad es que yo las redes solo las uso para compartir a los blogueros que sigo y para promocionar y hacer un poco más visibles las entradas de mi blog. No entiendo como hay gente pegada todo el día a los que dicen o hacen los demás, a dónde viajan, qué comen, cómo visten, dónde se divierten. Y, por otra parte a dar cuenta de todo ellos sobre sí mismos. Qué agobio, hija, estar todo el día de postureo y de exposición, con lo que adoro yo el anonimato.
    De lo de Leticia Dolera me enteré por el telediario (ahora los noticiosos también son revistas del corazón y nos dan noticias de Master Chef y de Operación Triunfo; menos mal, así culturizan a "ignorantes" como yo).
    Tuve hace años una alumna que cuando le preguntabas que que quería hacer en la vida decía que quería ser famosa. Y yo, (ya digo que soy ignorante y además ingenua) le pregunté que "famosa por qué" y me miró como si le hablara en ruso. Vamos que la cosa ha empeorado con los años, pero ya colea, que Gran Hermano tiene algunos lustros.
    Un beso.

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  5. Hay mucho postureo en todo esto de las redes sociales y sobre todo lo que impera es polemizar y mostrar lo que no se es. Patético. De hecho solo se tiene que observar a muchas personas haciéndose selfies para mostrar en las redes sociales y hay momentos en que una tiene que aguantarse la risa porque no se ven con otros ojos, pero eso sí después saldrán de lo más glamurosas en sus redes, en fin postureo pero parece que vivimos en un mundo solo de escaparates.

    Sobre Leticia Dolera que sí que subió como la espuma por sus comentarios y ahora ha bajado en picado por la polémica sobre el embarazo, sin ser muy conocedora del tema me parece que ni era tan buena antes ni tan mala ahora porque parece que la película en cuestión como dice Emilio va de una mujer que no quiere quedarse embarazada y contiene escenas de sexo explícito, así que a pesar de ser una defensora de la igualdad de la mujer y rechazar cualquier tipo de discriminación, creo que en este caso se está sacando de contexto para apabullar y dejar mal a Leticia Dolera.

    Estoy contigo que antes de subir o bajar a alguien del pedestal de influencer quizá deberíamos conocer bastante más y no dejarnos guiar por la efervescencia de las redes.
    Besos

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  6. Jo, y yo que no solo no conocía la polémica ¡ni siquiera al personaje! Bueno, es el pan nuestro de cada día. Internet tiene de bueno el acceso a un caudal de información impresionante, pero tiene de malo que se le da voz a los "falsos profetas". Con casi cincuenta tacos, te aseguro que pongo pies en polvorosa cuando llego a un predicador. Pero así está el mundo de hoy. Gobernado por el postureo mediático, el bienquedismo, la rebeldía impostada y el sesgo de confirmación.
    También es verdad que yo de los llamados influencers desconfío bastante. Todos son "hijos de", "conocidos de", "subvencionados por tal o cual marca" o incluso productos de preventa. Con esto último me refiero al mito del que no es nadie cuelga un vídeo o un tuit y enseguida consigue millones de seguidores que hacen que una discográfica o una editorial los contrate. A poco que indagas te das cuenta que eso es imposible sin un fuerte desembolso económico detrás para conseguir millones de perfiles falsos que permitan posicionarte. O bien una estrategia de marca porque mola mucho esa imagen.
    Pero en fin es lo que toca. Solo una educación y espíritu crítico nos puede permitir tener un criterio propio, sea o no equivocado. Un abrazo!!

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  7. Hola Sofia, lo has explicado tan bien y redactado tan súper bien, que casi solo me queda adherirme a lo que bien podría ser un manifiesto o una llamada de atención incluso más potente hacia los influenciedados que a los propios nuevos predicadores sociales. Solo añadir que meteduras de pata tipo Dolera o tipo Iglesias ("siempre viviré en Vallecas" -vino a decir-), siempre las ha habido; quizás el problema también sea que ahora todo queda reflejado, escrito o grabado por los propios protagonistas de las cagadas más sonadas. Supongo que tanto a ellos, como a todos nos puede servir para aprender de nuestro errores. Un gran abrazo y adelante con tu espíritu crítico.

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  8. lo has explicado muy bien asi que poco mas puedo añadir!
    Gracias por la opinion.
    ^^

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  9. Totalmente de acuerdo. Nos hace falta más referentes y dejarnos de tantos influencers que practican más postureo que otra cosa. Pero está la cosa difícil en estos tiempos...
    Besotes!!!

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  10. Para darle una vuelta a tu entrada, la he ido reflexionando según leía y creo que nos complicamos la vida, que lo natural es lo normal y que luego está aquello de hacer lo que nos apetezca. Un abrazo

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  11. Yo diría que esta historia tiene más miga de la que nos han contado. No vayamos ahora a caer en la peligrosa trampa de las tergiversaciones. Quizá no sea una "fake news" pero si una información inexacta o incompleta.
    Cuando me enteré de ese "escándalo" no podía dar crédito. ¿Cómo podía ser que Leticia Dolera, toda una feminista de pro, rechazara a Aina Clotet (dicho sea de paso, para mí mejor actriz y directora que ella, aunque eso no venga al caso) por estar embarazada? Tenía que haber alguna explicación y no debíamos dejarnos llevar por los impulsos mediáticos. Esperaba una explicación por parte de la Dolera. Pero no. ¿Debemos aplicar aquello de que quien calla otorga? Quizá sí. Pero también debemos tener en cuenta las motivaciones esgrimidas por sus portavoces. No es lo mismo, por ejemplo, desestimar para un trabajo a una mujer por el simple hecho de estar embarazada (y, peor aun, porque pueda quedar embarazada) que no darle un trabajo de riego durante el embarazo. Como bien apunta Conxita, el papel que debía interpretar la Clotet requería de unas condiciones y unas escenas un tanto incompatibles con su estado de buena esperanza. Pero vete a saber qué hay de cierto en todo ello y cuáles fueron las verdaderas razones. Me da miedo simplemente que se estigmatice ahora a una feminista (si realmente lo es) por causas no totalmente justas. Pero insisto: ¿por qué no da la cara, se explica y se defiende Leticia Dolera? ¿O acaso lo ha hecho y no me he enterado?
    Por lo demás, estoy totalmente de acuerdo en que hay mucho/a fantasma suelto.
    Un abrazo.

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  12. Yuhu, vamos por partes que tengo mucho que opinar (ponte un café para que no te duermas, Sofía)
    En primer lugar, el tema influencers en sí es deplorable y el problema radica en los influenciados, que les dan bombo y los idealizan e idolizan. Puedo entender que, yo qué sé, algo concreto se venda más porque lo saque algo famoso y que quizá, de no darle esa publicidad, no se conocería tanto (como las Hawkers, por ejemplo, que es una pasada dónde han llegado). Y es así. Yo no las tengo ni las compro precisamente por eso, porque las tiene todo kiski , pero sí hay mucha gente que se deja influenciar.

    Tema libros. Tengo el de Dolera porque me lo regalaron y lo leeré, pero no por quién lo ha escrito sino porque me atrae la temática. De ser al contrario, leería a Jorge JAvier Vázquez y es algo que no haré porque no me atrae, mientras que sí me atrae y suelo leer a Boris Izaguirre, que me encanta su estilo como escritor (que no como personaje mediático); de la misma manera leo a otros escritores que solo tienen esa vocación y no varias. Es lamentable que una persona que no sabe ni hablar se supone sepa escribir, como es el caso de Belén Esteban y el morbo que le rodea, porque ha venido muchísimos ejemplares de su "supuesto" libro. No lo leería jamás pero la gente es así, es inculta, ignorante, y ya sabemos que es la madre del atrevimiento, qué lástima...

    Y sobre esto último que viene al caso, que es el despido de esta actriz por parte de Dolera, es un asco. Intentamos reinvindicar por activa y por pasiva y no hay manera de que nos respeten, y es un tema que ahora mismo me hierve la sangre porque yo estoy embarazada ahora y no concibo que me hubiesen despedido al comunicar mi embarazo; algo que, además, es ilegal.
    Que haya sido Dolera, realmente no me sorprende, porque reivindique de puertas para fuera lo que quiera reivindicar, no deja de ser empresaria, y mira únicamente por ella. A ver si esto sirve para que la gente deje de tener en un pedestal a ciertas personas, especialmente del famoseo y postureo, que como todos, son personas, y también erran.

    Jesús, qué a gusto me he quedado.
    BEsos.

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  13. Aprendí unas cuantas palabras que desconocía... yo de redes sociales, nada, solo el blog.
    Por supuesto, concuerdo con todo lo que escribiste y la forma en que lo expresaste. Por estos lados tenemos muchas "Doleras", que se llenan la boca con el Empoderamiento Femenino, palabra recién acuñada y que repiten hasta el hartazgo. Yo, como mujer, no quiero ningún poder, porque caeríamos en el machismo a revés. Solo deseo la igualdad de trato, de oportunidades, el respeto y la valoración por lo que cada una puede aportar.
    No me identifico en absoluto con esas feministas desaforadas que salen a la calle con las tetas al aire en una actitud desafiante. Eso no es defender nuestros derechos, es simple exhibicionismo.
    Estamos en el inicio de grandes cambios, por lo tanto hay incongruencia y caos.
    Te felicito por tu madurez intelectual, querida Sofía.
    Besos.

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  14. Te doy la razón, Sofía. En todo.
    El problema de los influencers es que venden una imagen de la vida idílica, y quizás dependiendo de la edad que uno tenga ese influjo será muy negativo, porque nada es perfecto, ni todo es maravilloso, no todo se condensa en una perfecta imagen. Sinceramente este tema me preocupa bastante. Sobre lo de actriz Dolera, no puedo añadir nada, uno al final puede decir muchas cosas, pero son los actos los que nos terminan delatando. Así que mal, muy mal.
    Muy buena, excelente reflexión.
    Besos.

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  15. Creo Sofía que has dado en el clavo. Para mi la falta de coherencia en la sociedad actual no tiene límites,... y lamentablemente no solo los influencers sino también todos los demás. Creo que los influencers llegan a tal punto que las gente los imita en todos los sentidos, también en trasmitir a los demás esa felicidad de plástico que nos venden a todas horas.Feliz fin de semana!

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  16. No conozco el caso y por lo mismo tampoco podría irme en picada contra esa Dolera que nos presentas puesto que quizás tenga razones de peso para negarle el papel a una mujer embarazada y no por eso de la póliza, sino por el riesgo físico que conlleva. Después le pasa algo malo al bebé y Dolera queda de una irresponsable que, con tal de llevar su feminismo hasta las últimas consecuencias, hizo trabajar a una embarazada. No conozco el caso pero siempre hay matices. Así que hasta aquí, a pesar de que la tentación es grande, no me hago parte de su linchamento jaja
    Te dejo un abrazo, Sofía.

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