La página en blanco

De pronto vi ese vasto espacio blanco ante mí. La nada se desplegaba en todas direcciones esperando a que la llenase. ¿Con qué? Con algo, algo, algo. 
Un sudor frío me recorrió la espalda, me temblaban ligeramente las manos y mi corazón se aceleró en cuestión de segundos. Había una sopa de letras revolviéndose en mi cabeza, pero ninguna de ellas parecía formar palabras coherentes, sino conjuntos que no decían nada. 
Venga, el comienzo es siempre lo más difícil, ¿verdad? Una vez que empiezas ya todo va sobre ruedas, ya la tinta se desliza sola, ya los dedos corren ágiles aporreando el teclado...

Pero esta vez no iba a ser así, y lo sabía. Ese blanco pulcro de la hoja me cegaba, bloqueando los colores vívidos de mi candente imaginación, que se apagaba sin remedio bajo la madera mojada de una desesperación que cada vez era más incontrolable. Vi que, de tanto asfixiar el bolígrafo, se me había muerto en las manos. Intenté entonces con el teclado, pero aquellas letras mudas acabaron por matarme con su brutal silencio. Y en aquella maldita pantalla se reflejaba todo el brillo de mi fracaso, así que cerré la tapa del ordenador con rabia.


Nada. ¿Cómo era posible? De un momento a otro, esa luz incandescente de mi mente se había oscurecido, esa puertecita que me conectaba a un universo en ebullición, lleno de seres, voces, anécdotas e historias que contar se había cerrado de golpe. Y no había llave que la abriese de nuevo.
Me tumbé en la cama, derrotada. Cerré los ojos, pero aquella hoja virgen, blanquísima, se colaba entre mis párpados como una aparición. Volví a abrirlos, y acto seguido un pensamiento claro, obvio, me golpeó con fuerza. Mis sospechas se transformaron en confirmaciones, en realidades indiscutibles que me llenaron de un terror frío: tenía el síndrome de la página en blanco.

Como era ya de noche, apagué las luces y me protegí de mi propio miedo bajo las sábanas. Intenté sepultar en mi mente los pensamientos catastrofistas que intentaban dominarme, pero sabía que no podía engañarme a mí misma. Ya llevaba demasiados días, tal vez semanas, sin escribir una miserable palabra. Al principio lo había achacado al cansancio, la rutina, la falta de tiempo... Pero ahora estaba claro que el problema era mucho más grave.

Mañana llamo al médico para que me recete algo, pensé. Me concentré en dormir, pues sabía que, de caer finalmente en brazos de Morfeo, cabía la posibilidad de soñar. Y para mí los sueños eran siempre una fuente inagotable de inspiración.
Al final, tras varias horas, el cansancio me venció. Viajé hasta mi subconsciente esperanzada en busca de esa puerta cerrada. La encontré, sí. La abrí, sí. Pero únicamente me topé con una enorme, inmaculada y monstruosa página en blanco que me hizo huir despavorida.
Solo el estruendo del despertador pudo sacarme de aquella pesadilla.

Publicado el 4/10/2017



CONVERSATION

20 comentarios:

  1. A veces el estruendo, el molesto ruido del despertador es un alivio para nuestras pesadillas. El desasosiego se ha metido entre las lineas de tu relato y nos ha mantenido ávidos de respuesta. Genial. Abrazos

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  2. Oye, pues he sentido los escalofrios que cuentas. Ufff, es duro enfrentarse a la hoja en blanco, y eso que ya no suelo escribir (a parte del blog) pero recuerdo la sensacion.
    Un besote y muy pocas pesadillas asi!

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  3. ¡Qué bueno Sofía!

    Has realizado un gran ejercicio sobre ese"síndrome en blanco" que a veces se asemeja a una pesadilla y otras veces parece decir que ahora no es el momento. Existen libros, películas y demás historias con el escritor o escritora en crisis de inspiración, algo que es realmente muy literario y cinematográfico. Has transmitido de maravilla esa sensación a través de los sueños y través de una realidad que pienso que al que escribe, le ha tenido que pasar más de una vez.
    Un abrazo Sofía y buen día.

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  4. Qué bueno! Esa página en blanco puede ser toda una pesadilla. Si es sólo escribir una reseña y a veces las ideas no quieren salir...
    Besotes!!!

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  5. Terrible pesadilla. Lo de la página en blanco, para los escritores de ficción, tiene que ser algo terrible, de causar verdaderas pesadillas. A mí me pasa a veces con las reseñas, incluso de libros que me han gustado. De repente es como si no hubiera leído el libro o como si tras leerlo, no me dijera nada, no hubiera nada que decir de él, o todo lo que se me ocurre me pareciera insustancial y sin interés.
    Si eso pasa con todo el soporte de una novela detras, a veces muy buena, que no pasará cuando dependes de tu sola imaginación.
    Un beso.

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  6. Hoooorrooor!! Lo de enfrentarse a la página en blanco es lo peor. Y esos sudores que corren cuando ves que no vienen las musas... En fin.. lo has descrito genial.
    A despertar de esa pesadilla y a seguir escribiendo que aquí estaremos para leerte.
    Besos

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  7. Desde luego has plasmado uno de los terrores de cualquier escritor. El otro es cuando comienzas a revisar y te asaltan todas las dudas acerca de la comprensión del texto o su calidad. En mi caso intento escribir cuando tengo algo que contar, cuando una protohistoria se me ha pasado por la cabeza, jamás me he sentado ante un ordenador sin tener nada que contar. Aunque alguna vez me he dejado llevar algo como la escritura automática, pero pocas veces. Un abrazo!!

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  8. ¡Ni despierta ni dormida consigue tu protagonista dejar a un lado esa amenazante página en blanco! Reconozco que yo nunca he sufrido ese síndrome, quizás porque no tengo ningún problema en pasar meses sin escribir cuando he decidido descansar, pero debe ser terrible. Bueno, en realidad como siempre que deseamos hacer algo con todas nuestras fuerzas y no podemos.

    Muy bueno, Sofía, describes muy bien esas sensaciones apremiantes y esa angustia por la falta de inspiración. Está claro que el relato no tiene tintes autobiográficos :D

    ¡Un beso de jueves!

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  9. Hola Sofi. Seré un bicho rarísimo, pero no tengo ninguno de esos terrores. Ni siquiera los puedo entender, porque para mí la escritura es "como un río", fluye, está en el paisaje, el hombre intenta domarla y solamente puede subirse a ella y dejarse llevar. Yo vivo así la cosa. Escribo cuando tengo la necesidad y no me impongo nada, jamás, que no me pida a gritos que los escriba. Para mí, la escritura es como una especie de posesión. Las cosas "se escriben", no las escribo yo. Ellas se dictan o me dictan, tipo un asunto mediumnico.

    Te faltó la n de mente, casi al principio.

    Un abrazo grande.

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  10. No exagero si digo que el síndrome de la página en blanco para un escritor que acostumbra y gusta de crear, es parecido al síndrome de abstinencia que se despierta en un drogadicto que acostumbra y gusta de consumir... Bueno, estoy exagerando jaja Aunque las sensaciones son parecidas. De hace tiempo estoy hecho un literadicto.

    Saludos salados.

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  11. Una magnífica representación escrita de la angustia y terror que todo escritor tiene ante esa página en blanco. Hasta las más famosas plumas dicen haberla sufrido. Mal de muchos... Pero ese síndrome, al igual que las pesadillas, acaban cuando uno menos se lo espera.
    Un abrazo.

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  12. Superaste ampliamente el síndrome con este escrito genial. Hay momentos que es la mejor receta: volcar lo que nos produce esa blancura total que parece rodearnos. Las palabras, los brillos de ideas que surgen no logran reunirse ni concretarse.
    Un fuerte abrazo, Sofía.

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  13. ¡Pero qué pesadilla! Habrás despertado sudando, bueno la protagonista de tu historia porque me cuesta creer que te haya pasado a ti esta pesadilla. Pienso que en ti la escritura fluye con facilidad.
    Yo había estado escuchando esto de los bloqueos y las intimidantes páginas en blanco pero no me había pasado en los cuatro años que llevo escribiendo regularmente. Pero hace cosa de unos dos meses sí me sentí particularmente bloqueado, sentía que tenía que escribir pero no podía, no podía ni siquiera ponerme frente a la máquina. El blog no lo resintió porque tenía algunos textos terminados se seguí posteando como si nada pasara.
    Me gustó mucho el relato. Creo que todos los que escribimos nos identificamos de una u otra manera.
    Te abrazo fuerte Sofi.

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  14. ¡Madre mía Sofía! Has descrito el miedo al papel en blanco que todos sentimos alguna vez, y has tenido el acierto de contarlo como si se tratara de un episodio de terror con cierta ironía mordaz hacia tu propio síndrome.
    Eres muy buena narradora y deberías prodigarte más en este sentido (sin olvidar tu faceta de comentarista de opinión)
    Un abrazo de los grandes compañera.

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  15. ¿Te he dicho ya lo mucho que me gusta cómo escribes, Sofía? Espero que nunca sufras el síndrome de la página en blanco que describes. Pero como me parece que sufrirlo en algún momento de la vida es un tanto inevitable, te deseo que lo superes lo más rápidamente posible, por el bien de tus lectores. ¡No dejes de escribir nunca, Sofía! Un besazo enorme.

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  16. Terrible y al mismo tiempo me ha parecido buenísimo Sofía. Me has hecho reír, :)
    Lo has descrito perfectamente, todos en algún momento hemos pasado por ese síndrome, que te desespera y deprime. Por suerte (toco madera) es pasajero y luego se puede explicar tan bien como lo has hecho tú, jeje
    Un besazo y feliz fin de semana.

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  17. Hola Sofía. Desde luego a ti no has sufrido el síndrome de la página en blanco con este estupendo relato que alude a las pesadillas que todo el que escribe tiene: la falta de ideas en un momento dado. Creo que, encima, en cuanto más lo piensas es peor, es una espiral maléfica. Lo mejor es, creo yo, dedicarse a otras tareas hasta que la inspiración retorno.
    Muy bueno, Sofía.
    Un besazo y feliz fin de semana.

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  18. Muy bien descrito ese miedo del escritor a no tener ideas, a no saber expresarse, a que las musas y los musos hayan desaparecido...Tanto que puede acabar bloqueando y cuanto más se quiere, menos se consigue, entrar en una espiral de bloqueo.

    Me has hecho pensar en el proceso de creación y me he dado cuenta que el mio sigue siendo un poco errático y poco planificado. Sé que seguramente es un error pero de momento en mis historias creo que mandan ellas, se van escribiendo sin papel y de repente parecen darme permiso para escribirse. De hecho me he acostumbrado a recoger ideas que escribo y dejo allí hasta que vuelven con ganas de escribirse. Entiendo el sufrimiento que debe suponer querer escribir y bloquearse una y otra vez, esa obsesión de tu protagonista que no consigue escribir ni vivir sin escribir, obsesionado con ese papel.
    Un abrazo

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  19. Lo has expresado de maravilla, pero no consigo ponerme en la piel de la persona que sufre ese síndrome porque yo solo escribo cuando tengo ganas, o sea, las ganas me llevan a escribir. Nunca me pongo delante de un papel o teclado sin ganas porque entonces lo sufriría también.
    ¡Buenísimo y real, Sofía!

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  20. Cuando te quedas en blanco y no salen las palabras es horrible. Y además como ha dicho Ziortza cuanto más lo piensas es peor, porque no sales de ese bucle. Lo mejor es despejarse. Yo salgo a la calle, que el aire me ayuda mucho, o escuchar música.
    Genial relato guapa!! Aunque es una auténtica pesadilla!!! Besote :)

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