La ambición no es buena


Escribo hoy esta entrada, y tal vez el día que se publique me arrepienta de haberla escrito, pero como siempre digo, si tengo la oportunidad de escribir y decir lo que pienso, aunque solo me lean unos pocos, pues tengo que aprovecharla.
Y hoy me siento... derrotada. Tengo que admitir que no lucho con mucha frecuencia, que me rindo con bastante facilidad, así que, como es lógico, me siento derrotada bastante a menudo. Cuando es así, en seguida pienso en mi ambición, en mis ganas de conseguir lo que quiero, y en los no siempre buenos resultados que consigo. Una de las tantas cosas que todavía tengo que aprender es a ser perseverante, a ser más tozuda; y aunque mi esfuerzo no valga muchas veces la pena, seguir, y seguir y seguir. No importa que esté siempre ese pensamiento de Si no tuvieses ambición, si no deseases tanto algo, no te sentirías mal después de la derrota. Pues entonces no me queda más remedio que combinar una cosa y la otra, que saber que ambición y fracaso van muy unidos, y aguantar, aguantar y punto. 
Pero mientras aprendo esa dura lección (tardo bastante en aprender y sobre todo en recuperarme de un error) la decepción y la frustración se pelean por mí, sin saber que tanto una como la otra tienen desgraciadamente un espacio en mi mente.
Mientras busco un antídoto contra ellas procuraré seguir adelante; después de todo es otra forma de luchar. 

CONVERSATION

2 comentarios:

  1. La cuestión es seguir levántandose...no el sentimiento de frustración al fracasar o el propio fracaso...
    Un beso!

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