La noche estrellada

He comentado en alguna entrada que la pintura es una disciplina que me llama bastante la atención, pero no en un sentido profesional. Es decir, que me gusta la pintura para observarla y admirarla, pero no de forma crítica, puesto que la experiencia que tengo en estudios artísticos es más bien poca.
Como en casi todo lo que reseño y comento en este blog, trato los temas desde mi forma personal e individual de verlos, basándome únicamente en mi propia opinión.
El cuadro que hoy quiero alabar es una obra de renombre de un pintor más que conocido: Vicent Van Gogh. Como todos los artistas, este hombre plasmaba en sus dibujos su introspección; sentimientos normalmente en relación con los miedos y temores más íntimos, que curiosamente fueron el germen de inigualables obras de arte. 
Van Gohg se incluye dentro del grupo postimpresionista. Si me preguntan qué estilo artístico me gusta más, elijo el Impresionismo y Postimpresionismo sin pensármelo dos veces. Obras son muchas las están entre mis favoritas, y entre ellas creo que no podría decantarme por ninguna. 
Mi intención con esta entrada no es otra que expresar lo mucho que me transmite y fascina La noche estrellada, así que bajo ningún concepto hablaré de técnicas, características de la época, contexto histórico-social, etc. Tan solo diré que este peculiar paisaje nocturno de un pueblecito custodiado por enormes estrellas y una luna amarilla en cuarto menguante me parece excepcional. Dentro de la sencillez del cuadro se esconde un poderoso magnetismo. Puede que lo que más me atraiga sea la mezcla de colores oscuros y fríos con los brillantes amarillos y blancos que crean un contraste increíble.
Seguramente en otra ocasión vuelva a dedicar otra entrada a las obras de este pintor. Mientras tanto, hoy me centro en La noche estrellada, y que con esta imagen cada quien saque sus propias conclusiones:


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